Pájaros descarriados
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Sea como fuere lo que
ocurriese en ese futuro cercano, Sona se dejó llevar. Sin saber por qué, lo
primero que hizo fue abrazar a su hermana, juntar así sus cuerpos húmedos,
sentir sus pechos tocándose, sentir sus caras cerca, sentir aquellos labios
carnosos que siempre había envidiado. ¿Para qué había entrado en primer lugar
en el cuarto de baño? A estas alturas, nada de eso importaba. Ya sólo tenía en
mente hacer el amor con su hermana. Plácidamente, se dirigió a su cuello,
dándole pequeños besos y mordiscos de puro placer.
Cuál fue su sorpresa,
cuando en un instante, una voz conocida le susurró a su oreja izquierda “No
temas, Sona, yo también te acepto en cuerpo y alma. Seamos por fin uno, sintamos
al fin el placer añorado que había estado durmiendo durante todos estos años.
Seamos… nosotras mismas.”. Eran palabras de Tina. Cuando Sona se giró, su
hermana tenía la mirada clavada en ella. Sus ojos de color esmeralda brillaban.
Pequeñas lágrimas cayeron sobre las mejillas de Sona.
Antes de consumar su
unión, Tina dejó los cascos en el suelo, fuera de la bañera. Los desenchufó del
aparato de música. Entonces comenzó a sonar una canción. Sona no la había
escuchado nunca. Se titulaba “Strange
Birds”, de la cantante inglesa Birdy.
¡Hasta pronto! CERP
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