Por lo demás, continuamos hoy con la historia de las hermanas Sona y Tina (¿pilláis el chiste malo?).
Pájaros descarriados
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Fue el día de su
vigésimo primer cumpleaños cuando sus vidas cambiaron para siempre. Como era
costumbre en su familia, cada cumpleaños celebraban una gran fiesta en su
mansión del campo, invitando a todos aquellos que quisieren. En un rato en que
se estaban preparando para mostrarse como las grandes anfitrionas que siempre
habían sido, Sona fue a pedirle a su hermana el pintalabios carmesí que le
había prestado tiempo atrás. Llamó a la puerta del cuarto de baño tres veces,
mas no recibió respuesta alguna. Ligeramente preocupada, se dio cuenta de que
la puerta estaba abierta, así que se decidió a entrar por si le había ocurrido algo
a Tina. Lo único que lograba escuchar en ese momento era el constante fluir del
agua de la ducha, y nada más. Con el corazón en un puño, fue adentrándose en la
habitación de gran tamaño que era el cuarto de baño. Al fondo del mismo
vislumbró el vapor proveniente de la bañera, cubierta con una pared desde su
punto de vista. Sin saber por qué, caminaba sigilosamente. Temiendo lo peor,
estando al lado de la bañera, y sin pensárselo más, apartó la cortina, y
encontró a su hermana, desnuda y con los ojos cerrados, cubierta hasta el
cuello con agua caliente.
Casi le dio un patatús
este descubrimiento, salvo porque se dio cuenta de que Tina llevaba cascos
puestos y parecía que simplemente estaba relajándose tomando un baño, y que no
se había percatado de su presencia. Antes de decirle nada, contempló, con
cierta vergüenza, el cuerpo de su hermana. Aunque Tina tenía menos pecho que
ella, las formas de su cuerpo sí que resaltaban más a la vista. Probablemente
fuesen la consecuencia de que hiciese ejercicios con regularidad. Eso, o que
como Sona había leído, que realmente la práctica regular del acto sexual era un
ejercicio físico realmente útil, que iba mucho más allá del mero placer.
Así, Sona se vio entre
la espada y la pared. En ese preciso instante todas sus creencias acerca de que
algún día conocería al hombre ideal se fueron desmoronando. Lo que ella veía
como heterosexualidad se estaba haciendo añicos cual espejo fino y frágil. El
cuerpo de Tina había penetrado profundamente en su mente, y ya no sería capaz de
olvidarlo. Tampoco se veía capaz de moverse y desaparecer de la habitación
antes de que su hermana se diese cuenta. ¿Qué podía hacer la inocente Sona? Era
incapaz de ignorar aquello, de lo que tenía ante sus ojos. Maldijo a todo
aquello que se le ocurrió en silencio.
¡Hasta pronto! CERP
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