¡Hola a todos! Finalmente, en lo poquito que queda de febrero, participaré en tres concursos este mismo mes. En el mes de marzo espero que haya una buena variedad entre la que elegir, preferiblemente de temática libre. Con todo, y como en las últimas entradas, subiré fragmentos de un relato partícipe de uno de los concursos. Son cinco páginas, así que... Finaliza el viernes, y luego a otra cosa mariposa.
La botella de oro
página 1
Ésta es una historia
rara. Sí, es de ésas en las que el lector, o sea tú, tus amigos, tu familia, en
fin, quien sea, se queda estupefacto cuando llega al “supuesto” final. Se
remarca lo de supuesto porque puede considerarse cerrado, pero más probablemente
sea abierto. En la época actual, en la que el cine da todo mascadito, en la que
la narrativa de calidad se ha visto eclipsada por el erotismo y los chistes
verdes sin gracia, nace la leyenda de Somatechyrlop von Sculqinzsik, Somi para
los conocidos.
Esta historia, una de
las muchas que nos podría contar Somi, trata de un episodio peculiar de su vida,
aunque viendo lo rocambolesca que es su existencia, quizás sea de los relatos
más normales de los que tenemos constancia. Todo se remonta a verano de 2014,
en la ciudad de Mpikatuleron, en algún rincón de Europa.
Isaac, esto Somi, era
un sintecho que vagaba sin ton ni son por las calles del enorme barrio marginal
de la ciudad. Dentro de los conocidos vagabundos, él era de los más famosos, ya
fuese por su boca desdentada, por su bipolaridad, por la fuerza de sus puños (y
eso que estaba tan delgado que parecía un palo con patas), o incluso por sus
dones de Don Juan.
Eso último sea quizá
una hipérbole, ya que hemos sacado la información de esta historia de un gran número
de fans suyos, los cuales tienden a agrandar en demasía las virtudes de su
ídolo. Las dudas sobre las habilidades de mujeriego de Somi aumentan si tenemos
en cuenta su deplorable aspecto físico. En realidad, sigue tan fresco como una
lechuga, de hecho, sigue siendo capaz de noquear a cualquiera.
¡Hasta pronto! CERP