Quinta parte, vamos allá!
5.
Se me ha dado la elección de dejar vivir o quitar la vida de una persona. Y esa persona soy yo. Yo, un humano que perdido en la penumbra del sino, no sabe qué hacer ante este tipo de situaciones. Resulta tan estresante que acelera enormemente mi corazón. El silencio es absoluto. La superación del laberíntico bosque me llevó a una superficie desértica de arenisca blanca. Al menos entre los altos árboles del bosque esccuchaba ululares, susurros. Ahora, el desierto presenta una calma absoluta, un silencio incómodo que llega a tal punto que puedo escuchar los latidos de mi corazón. Siempre he tenido uno débil, pero los latidos van increscendo en volumen y fuerza. La sangre me arde. El pecho parece que se me va a explotar. La boca seca. Una decisión que no puedo tomar a la ligera.
La voz que me ha encomendado esta tarea no es aquella femenina que creo reconocer. No, ésta es una masculina, con un tono maduro y lo suficientemente grave como para imponer respeto con pocas palabras. Al exponerme este puzzle mental, lo ha hecho manteniendo un tono neutral, constante, frío. Y si se trata de la entidad superior de este mundo? Me resulta imposible concretar algo al respecto, tan sólo puedo imaginarme que de estar verdaderamente bajo el juico de un ser divino de semejante magnitud, cometer un error supondría tirar por tierra todos los avances que he logrado en esta caminata etérea.
La entidad me dedica otras palabras: "Ríe y el mundo reirá contigo, llora y llorarás solo".
El tiempo pasa, y un frío sudor me recorre todo el cuerpo. De alguna manera quiero llorar, gritar, y quizás así podría romper los cristales de esta realidad y escapar. En verdad eso último es absurdo y patético. Por un lado quiero matarme y así acabaría con semejante paranoia que me carcome por dentro. Por otro lado, estoy dispuesto a superar este trecho, que no es sino otro obstáculo para alcanzar la verdad oculta de mi viaje y el encuentro tan ansiado con Y.
Voces provenientes de ambas elecciones me carcomen el cerebro. Suicidarme supondría que probablemente me materializaría en el reino post-mortem que me corresponde, o quizás volvería a la oscuridad a la que tanto temo. En cambio, si decido seguir adelante, podría continuar con mi viaje al más allá, hacia la Ciudad Etérea. Las manecillas del reloj invisible de mi cerebro hacen un tic-tac sonoro y agobiante. Trago saliva. Mientras que cojo aire para realizar un largo suspiro, me dispongo a tomar la decisión correcta. Qué harías tú, Y?
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