Aquí viene la tercera!
3.
No logro recordar la experiencia previa a mi último despertar. Sólo puedo asegurar que estoy en un lugar diferente al anterior. En realidad el único cambio destacable es la temperatura, ahora mucho más agradable.
Ha sido abrir los ojos, y de esta manera llevarme un gran susto. Casi se me sale el corazón de mi debilitado pecho. Las sensaciones al ver esa "cosa" me provoca una mezcla que oscila entre la alegría y el desconcierto. Se trata de una mano, a juzgar por su aspecto de una mujer, aunque es difícil acertar su edad. Está abierta, como si me esperase a que yo la agarrase, a que la acompañase lejos de aquí.
No sé qué pensar... ¿Qué me puede proporcionar el ir al más allá? El ambiente que me rodea es totalmente blanco. Puedo considerarme un cobarde ya que tengo miedo a tan siquiera moverme, por si me caigo, tropiezo con algo invisible, o me desvío de este supuesto "camino". La mano, fina y de apariencia suave, me espera, completamente inmóvil.
No se agita, no tiembla, tan sólo espera con paciencia. Parece ser que espera mi compañía. Una vocecita suena en mi cabeza, diciéndome "No temas, te acompañaré allá a donde vayas, y cuando lo necesites te guiaré. Tu voluntad, mi mano". La última frase me cala hondo y me hace reflexionar. Tras un largo suspiro, me doy cuenta de que es posible de que viajemos a donde yo siempre he querido, a un lugar onírico y maravilloso que me aleje de la oscuridad interior que por poco me consume.
Ese lugar extraño y encantador es la Ciudad Etérea. Sólo conozco su nombre, y eso que no logro acordarme dónde lo aprendí. Decido agarrar con suavidad a la mano. La misma voz de antes ahora la puedo entender como una voz femenina, cálida y joven me dice "No pasa nada, adelante", y yo, ya más tranquilo gracias a ella, sonrío y empiezo a caminar. Puedo sentir cierta familiaridad en la presencia acompañante. ¿Podría ser Y?
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