La botella de oro
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Tiempo después, en las
nuevas tabernas conocidas como bares o clubs, se cantaron con alegría y tesón
las canciones que esta épica gesta de Somi narraban.
Y todos vivieron
felices, y comieron bacón ahumado.
Ahora sí, ¿cuál es la moraleja de esta tierna historia?
Simple y llanamente “Tío, no te metas con los chicos del barrio, cuida de tu
gente, y las ruedas del coche no perderás”.
¡Hasta pronto! CERP
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