jueves, 26 de febrero de 2015

Un segundo concurso de febrero 4

¡Hola a todos! Penúltima parte de la rara historia de Somi, el octogenario.

La botella de oro
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El bando rebelde, al ritmo de “Rayas y estrellas” de Sousa, marchaba con energía hasta el edificio principal, la sede del mal, esto es, el ayuntamiento de Mpikatuleron. Llegaron los buenos, y los malos hicieron sonar la alarma para pedir refuerzos. En cuestión de segundos, se formó todo un auténtico ejército de antidisturbios en formación tortuga frente al ayuntamiento. Miradas nerviosas, el destino pendiente de un hilo…
Antes de iniciar el clímax, de que se llevase a cabo la batalla más épica de aquella anticuada ciudad desde 1404, en la guerra por el chocolate de los norteños, un pequeño coro, compuesto por hombres y mujeres (al menos Pairo estaba de acuerdo en eso de la paridad social), apareció de la nada, y con voces que retumbaron en los oídos de todos (despertando a algunos bebés, valga la redundancia), canturrearon desafinadamente “Carmina Burana”. La tensión creciente en los corazones de todos empezaba a ser incómoda. Muy pronto la sangre, el sudor, y las lágrimas iban a salir a borbotones en la plaza principal de la ciudad.
Una vez acabada la canción, desafinada a más no poder, comenzó la lucha. Para ahorrarnos los detalles más escabrosos y macabros, decimos que se desarrolló a un ritmo muy parecido al de “La cueva del rey de la montaña”. Realmente no llegó a morir nadie, ya que se usaron, y a propósito, armas no letales, como bates de béisbol de gomaespuma dura o incluso espray de pimienta. Nunca ha habido batalla alguna en toda la historia de la humanidad con semejante cantidad de hombres con dolores en los cataplines por los golpes de bates o también mujeres llorando a mares (y con el rímel corrido) gracias al espray.
En resumidas cuentas, el bando ganador fue el rebelde dirigido por el octogenario Somi, quien derrotó a Pairo encerrándole cual genio maligno en una botella de oro, la cual se trataba de una reliquia familiar milenaria. Así, empezó una nueva era de paz y amor, mucho amor, tanto que resultaba empalagoso. Las sonrisas naturales resurgieron en los ciudadanos.







¡Hasta pronto! CERP

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