La botella de oro
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Teniendo en cuenta el
tema temporal del año y medio, si hacemos los cálculos, técnicamente ya estaban
en otoño del 2015, y no en verano del mismo. Lejos de suponer un alejamiento a
la causa original de Somi, esto no comprometía en nada a la operación. El
objetivo real de la operación era desestabilizar al gobierno de marras, no
porque sí. Qué va, los ciudadanos tenían sus razones, clichés propios de toda
la existencia humana, pero problemas que
erradicar al fin y al cabo. En resumidas cuentas, alimentos e impuestos. ¿El lema de la revolución? “Los héroes de
verdad no necesitan planes, pero como
nosotros no lo somos, nos espera una buena”.
La lucha fue
encarnizada. Se hicieron piquetes por toda la ciudad, se construyeron bazucas
que lanzaban almohadas sucias, se adiestraron cachorros de las razas de perros
más bonitas para enternecer a los sirvientes más duros del malvado Pairo, y
otras tantas cosas absurdas de las que ya no hemos tomado nota por lo estúpidas
que son.
Bastón de hueso, con
mosquito jurásico en ámbar, en mano, Somi dirigió el batallón más valiente, el
de los hombres solteros y desesperados por las citas en internet que buscaban
la gloria para atraer a cuantas mujeres pudiesen. Somi, en su atuendo de
dirigente, llevaba puesto un pañal para ancianos (símbolo de poder y respeto
que tenían los octogenarios) y una camiseta que le quedaba corta con un
estampado la famosa y sobrevalorada película de animación de Disney “Frozen”;
eso unido a gafas de sol de mujer con incrustaciones de diamante, y una pipa de
pompas de jabón en la boca. A nuestro juicio, la persona más excéntrica y loca
de la que tengamos constancia. Poco a poco, en el día 14 de noviembre de 2015,
el inicio de una nueva era se asomaba por el horizonte (no literalmente).
¡Hasta pronto! CERP
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