martes, 24 de febrero de 2015

Un segundo concurso de febrero 2

¡Hola a todos!  Aquí viene la continuación de "La botella de oro".

La botella de oro
página 2



El caso es que ese verano estaba siendo muy caluroso para la ciudad, tanto era así, que todos los ciudadanos, ricos y pobres, guapos y feos, empleados y desempleados, demandaban alguna medida para evitar semejante sofoco. Desde que surgieron las protestas, muchos desafortunados cayeron inconscientes, desolados por semejante calor que ya quisiera provocar Apolo con sus pantuflas griegas.
Pasaron los días, y no ocurrió nada.
Pasaron las semanas, y no ocurrió nada.
Pasaron los meses, y no ocurrió nada.
Pasó un año, y no ocurrió nada.
Pasó un año y medio, y sí ocurrió algo. Fue Somi, quien con un escupitajo, ennegrecido por masticar tabaco barato del sur, declaró la guerra al gobernador, el temible alcalde Osudese Pairo, un gordinflón comilón de pocos modales que siempre llevaba puesto un monóculo derecho. Quienes conocían a Somi, media ciudad prácticamente, no se sorprendieron de su decisión, es más, lo apoyaron incondicionalmente. Y los que no lo conocían, pues bueno, decidieron seguir a aquél viejo loco vagabundo que estaba a punto de luchar contra el sistema, en tanto que consideraron que sería divertido hacer el payaso (de manera colectiva por si las moscas) por toda la ciudad. Como cuando un lindo y gordito cerdo encuentra una sabrosa y escondida trufa, así se sentía la gente de a pie de la ciudad de Mpikatuleron. Somi y los demás ciudadanos querían cambios drásticos. Un nuevo y glorioso mañana se estaba acercando, tanto, como la ceguera que produce a una hormiga al ponerle una inmensa linterna delante de sus narices.






¡Hasta pronto! CERP

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