Pájaros descarriados
página 2
Aunque pasaban mucho
tiempo juntas, algunos dirían que era incluso asfixiante, no siempre era así.
Ello no se debe a que se peleasen a menudo, de hecho rara vez lo hacían, sino
que ocasionalmente optaban por darse espacio para que momentáneamente cada una
pudiese disfrutar de su propio yo, es decir, estar en armonía consigo misma. En
esas ocasiones, Sona solía quedarse en la biblioteca principal de Wismine, un
lugar enorme y lleno de libros con los que podría estar enfrascada durante el
resto de su vida. Tina por su parte aprendió pronto a callejear y a desarrollar
una actitud crecientemente picarona, aprendiendo las artes propias de toda una femme fatale.
Pasaban los años, y no
fueron en balde, ya que no sólo desarrollaron su personalidad, su alma, sino
también su cuerpo. De poco servía a Sona, siempre cubierta de ropa, pero de
mucho a Tina para conseguir lo que quisiera embaucando a quien se propusiese.
Entre las gemelas nunca
había habido secretos, y seguía siendo así. Un día a la semana, preferiblemente
los domingos, deprimentes según ellas, quedaban en alguna cafetería y se
contaban con todo lujo de detalles todo aquello que recordasen haber vivido a
lo largo de la semana. Éstas eran charlas de muy diversa índole, tratando temas
de todo tipo. Hablaban de política, de cómo estaba el mundo, de sus amistades,
de sus inseguridades, pero, y esto es un pero de verdad, existía un tema que se
les atragantaba a menudo. El sexo. Bien es cierto que de niñas se habían
duchado juntas innumerables veces, y recordaban esos momentos con ternura y
nostalgia. Eran sin embargo, las aspiraciones sexuales de cada una el
punto en que se atragantaban, aguantando silencios incómodos, los peores de
toda su existencia.
¡Hasta pronto! CERP
No hay comentarios:
Publicar un comentario