Pájaros descarriados
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Había una vez una linda
pareja de hermanas gemelas. Se llamaban Sona y Tina, y siempre iban de acá para
allá juntas. Eran inseparables, y como una de muchas pruebas de ello, en el
momento de su nacimiento, al venir al mundo, encandilaron a todos los presentes
mostrándose agarradas dulcemente de la mano, mirándose la una a la otra.
Se puede decir que se
complementaban entre ellas, y esto es un hecho palpable conforme crecían
saludablemente y maravilladas por todo el mundo que tenían ante ellas. Sona era
tranquila, un tanto insegura y tímida, una suerte de gusano lector que se
empapaba de la lectura de cientos y cientos de libros estuviese donde
estuviese, enderezados semejantes momentos de tranquilidad con la que
consideraba la mejor variante de música, esto es, la música clásica de entre
los siglos XVII y XVIII después de Cristo. No sólo gustaba de leer, sino que
también disfrutaba paseando, sola o acompañada, por los inabarcables bosques de
Wismine, su ciudad natal. Por otro lado, a Tina se la podría considerar como el
completo polo opuesto de Sona, y en esencia, ya que ambas eran como las dos
caras de una misma moneda, su capacidad de unión fraternal era tan especial por
la irónica idea de ser tan diferentes.
¡Hasta pronto! CERP
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