lunes, 20 de abril de 2015

Una historia breve en el mundo del cine

¡Hola a todos! El contenido subido de hoy está íntimamente relacionado con una de mis actividades de ocio preferidas. El mundod el cine. La entrada de hoy tiene que ver con un concurso que propone la escritura y entrega de relatos breves basados de una manera u otra en el maravilloso mundo de las películas. La temática es esa, pero las posibilidades...Mucho mayores.

Por eso os presento esta propuesta. Sin querer alardear, la obra se me ha venido a la cabeza con suma rapidez, por lo que he podido desarrolarla y darla por finiquitada en un abrir y cerrar de ojos. Y considerando los resultados de relatos míos previos escritos en un tiempo récord, lo cierto es que no está tan mal. Espero que os guste, allé voy.


Mírate



Shalira Ostenweich, Ali para los amigos, era una joven actriz. De carácter agradable y sencillo, tímida a conciencia considerando que así agradaría a los demás, Ali tenía un cuerpo envidioso. Delgado pero con formas curvas atrayentes. Pecho escaso pero adaptado a su estructura corporal. Una cabellera corta pero de un aspecto de color dorado y forma rizada que enamoraba a cualquiera. Sin embargo, lo que realmente robaba los corazones tanto de hombres como de mujeres era su mirada. Enigmática y poderosa. Inquietante y tierna a la vez. Insinuante y contenida a partes iguales. Ali era una mujer que podía disfrutar de su éxito, saborearlo cual exquisito plato exótico, como fruto de su arduo trabajo a lo largo de los años en la industria cinematográfica, maravillosa para algunos y temible para otros. Ali creía en lo primero.

Sin embargo, toda era dorada llega a su fin, y la vida de Shalira Ostenweich no podía considerarse una excepción. Su existencia se vio trastornada cuando recientemente tuvo un accidente de coche que la dejó inmóvil para el resto de su vida. Sueños rotos de un futuro de una grandeza incalculable. El fin de una era. El ocaso de un tiempo dorado hacia un futuro de incertidumbre. En definitiva, el derrumbamiento del mundo por el cual tanto había luchado.

Todos sus esfuerzos, logrados con sangre, sudor y lágrimas, se habían hecho añicos. Convertidos en polvo. Convertidos en ceniza. Porque si algo sabía Ali con certeza, tal cual le había repetido su madre en incontables ocasiones antes de morir cuando la actriz tenía apenas quince años, era que “Del polvo venimos, y como polvo desaparecemos. Debes mirarte a ti misma, comprender lo que tu alma quiere decirte, y aceptar sin miramientos a tu verdadero yo. Sólo así podrás morir en paz”.

Con ese último recuerdo acerca de su madre, miró por última vez el espejo que tenía en la mesita de noche. Luego la luz de su existencia se apagó para siempre.








¡Hasta pronto! CERP

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