He de admitir que, y no es un alarde, cuando me centro en escribir y finalizar estos "pequeños escritos", me sorprende el hecho de que sea capaz de acabarlos de manera fluida, es decir, que una vez empiezo a teclear con el ordenador, las ideas fluyen constantemente y prácticamente no paro hasta que doy fin a la historia, ya sea por límite de extensión o porque lo considere oportuno. Siento como si hubiese algo en mí que me empujase a seguir adelante, que quiere completar lo empezado. Afortunadamente, no son relatos del todo incoherentes frutos del no parar, sino que tienen consistencia a pesar de otros errores derivados. Vaya, que ojalá me finiquitase del tirón LCDLS, ojalá.
El ocaso
página 1
Él esperaba sentado. Senko estaba solo, vislumbrando
el mundo ante sus pies. Este mundo, antaño hermoso y con un futuro
aparentemente prometedor, estaba ahora colapsándose. El derrumbamiento era
inevitable. El fin de la era humana estaba cerca. Senko lo sabía.
Senko había vivido una infancia tierna y agradable,
de la cual no podía quejarse. Con unos padres suficientemente cariñosos y
estrictos a partes iguales, creció siendo hijo único. En ocasiones desearía
haber tenido un hermano o una hermana, pero en verdad no se trataba más que de
un capricho pasajero, fugaz como las estrellas.
Ya en su adolescencia, la llegada al instituto
supuso un gran cambio en su vida. Aunque en un principio tardó en encajar,
sufriendo la burla de algunos indeseables, al poco de empezar su estancia se
granjeó suficientes buenas amistades, algunas de las cuales todavía mantenía.
Luego vino la universidad, y esta vez no le pilló
tan de sorpresa. Si bien es cierto que el grado de libertad era mucho mayor en
comparación con el instituto, eso no le echó atrás. Se esforzó enormemente por
mantener un buen nivel y destacar entre los demás. Conseguido con esfuerzo, su
mejor recuerdo de esa época fue el haber conocido al amor de su vida, Yira.
Hasta ese punto, Senko podía considerar que había
vivido plenamente, y que teniendo en cuenta tanto los buenos como los malos
momentos, su vida había tomado el camino que él había elegido.
Sin embargo, rápidamente, aquellos buenos recuerdos
se esfumaron. El fin de una era dorada. La llegada de la incertidumbre. La
llegada del pesar. La llegada de la soledad. Una característica de la
personalidad de Senko es que rara era la ocasión en que perdía la calma. Sí,
psicológicamente se trataba de una persona sensible y que mostraba sus
sentimientos en los momentos justos y necesarios, pero ante situaciones
trágicas mantenía la compostura.
Eso era así porque nunca había querido preocupar a
personas ajenas con sus inquietudes. Aún bajo la contemplación del
derrumbamiento del mundo en que había crecido, Senko se sentía en paz consigo
mismo. No tenía nada de lo que arrepentirse.
Los temblores en el mundo eran cada vez mayores, y
los ruidos cada vez más atronadores. Si prestaba atención, podía escuchar
algunos gritos agónicos de gente desesperada, temiendo por su vida, muriendo
inevitablemente. Y él estaba ahí, contemplando aquella destrucción sin saber
qué hacer.
¡Hasta pronto! CERP
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