Mas allá
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Pero no sólo eso. Su presencia, su sencillez, su
falta de un escote embriagador… Son aspectos que chocaban bruscamente con mis
percepciones de lo que era una mujer hermosa. ¿Qué tenía Jezebel que no
tuviesen las demás?
Personalidad. Inteligencia. Distinción. Era muy
diferente a todas las mujeres que había conocido hasta entonces, y eso que ya
de por sí tengo en cuenta a mis modestas madre y hermana menor. Jezebel me
producía, y sigue siendo así, un chispazo interior capaz de cambiar todo mi
ser. Capaz de romper las convenciones que yo había adorado. Capaz de volverme
más… humano.
Porque estando con ella, me he dado cuenta de que no
había nada de humanidad en mi ser. ¿Qué se puede entender por humanidad?
Fríamente pensado se la puede ver como la fragilidad o la flaqueza inherente al
ser humano. Sin embargo, hablando con Jezebel, comprendiendo lo que ella dice,
me doy cuenta de que no se trata de ninguna debilidad.
No es ninguna debilidad. Los seres humanos de una
manera u otra, poseen la cualidad inherente a su ser de sentir compasión por
las desgracias de sus semejantes. Aunque ligado invisiblemente al precepto del
instinto de supervivencia humano, las personas no quieren vivir ni estar solas.
Por esa razón, en pos de la supervivencia, se comunican con los demás para
congeniar, para existir…
Sentir pena por alguien ajeno no nos hace mejores,
pero sí que supone uno de los muchos principios que nos condiciona como
humanos. El equilibrio en la esencia de uno mismo es vital. La mente y el alma deben coexistir. Sólo así
puede un individuo alcanzar el equilibrio existencial.
Al principio decía yo que enamorarme fue lo que me
hizo débil. Fue Jezebel la culpable de mi debilitamiento. Pasé de ser alguien a nadie. Mi padre, por la relación
que tenía con ella, me desheredó al completo. Mis supuestos amigos denegaron de
mí igualmente argumentando que había cambiado, y para mal. Todas las relaciones
que había estado tejiendo finamente durante años se desmoronaron en un abrir y
cerrar de ojos.
¡Hasta pronto! CERP
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