CAPITULO 1
Tengo entendido que una historia debe de empezarse por el
principio. Bueno, eso dicen los pedagogos y el grupo selecto de gente pedante que se la dan de entendidos
y hacen semejantes afirmaciones que me hacen sentir mariposas en el estómago.
Blergh. Además, cuando en una frase de semejante calibre está el “debe” ya va
el sentido de la misma por mal camino. Es decir, no voy a rayarme mucho en ese
sentido, pero en este tipo de afirmaciones uno no puede calificar el propósito
como un deber, sino como una obligación. Por lo tanto, la oración, de haber
estado bien escrita, sería la siguiente: “Toda historia tiene que empezar por
el principio”. ¡Así de simple, joder! Lástima que gran parte de la sociedad
esté zombificada y considere a esos dementes que se hacen llamar intelectuales
como los guías que los llevarán de la manita, cual párvulos mocosos, por el
buen camino.
Ese es uno de mis no pocos defectos, que tiendo a enrollarme
como una de esas persianas baratas que te malvenden en una tienducha de mala
muerte con ofertas de última hora que está a punto de cerrar. Me ponen de los
nervios ese tipo de locales, ¿por qué no cierran y ya está? Bueno, a lo que
iba. El caso es que en el tugurio en el que me han enjaulado (ahí exagero un
poco, pero tenía que soltarlo) me han obligado a escribir un diario o algo por
el estilo. En él tengo que escribir mis últimas aventuras comprendidas en los
últimos años.
Para bien o para mal, valga la redundancia, soy de esas personas
que tienen una memoria selectiva, por la que selecciono involuntariamente mis
recuerdos con escasas excepciones, eso me dijeron mis cuidadores. Llevan batas
blancas y aparentan estar limpios, así todo repeinados y con barba, mas huelen
de pena. Joder, y no hay ni una mujer, machismo puro, vaya. Dicho eso, como
aquí hay poco que hacer, no veo más remedio que escribir la chusta esta. Desde
ahora en adelante me dirigiré de vez en cuando al posible público en segunda
persona singular. Así que, querido lector (me repatea mucho soltar semejante
cursilería), a partir del próximo capítulo te contaré partes sueltas de mis
memorias.
Como cualquier persona relativamente corriente, he tenido mis más y
mis menos. Asegurarte puedo que el relato tendrá sus momentos tronchantes y
otros tantos tristones, pero no porque a mí me dé la gana. Mi vida ha sido así
de emocionante. Dicho eso, acomódate, emborráchate tomando el puñetero alcohol
que suelas beber (la cerveza es de maricones), y por lo menos finge que te
interesa.
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